El conocimiento de nuestra historia no sólo nos hace más libres; si no que refuerza nuestra identidad personal y colectiva, así como estimula la corresponsabilidad intergeneracional en un futuro compartido en armonía y paz. Para que estas premisas se puedan constatar en la realidad de una sociedad democrática se tienen que confirmar otras respuestas, si hacemos referencia a la historia reciente de un país, como el nuestro, en el que se impuso la dictadura franquista durante un periodo de cuatro décadas, que ha determinado la segunda mitad del siglo XX español: la anulación de las leyes y juicios deslegitimados, el reconocimiento de la memoria de las víctimas del régimen totalitario, el conocimiento y difusión de las consecuencias de la acción terrorista de un Gobierno autoritario que se sublevó contra una democracia legalmente constituida, y el enjuiciamiento de los autores de las masacres, o de quienes las ordenaron, cometidas contra los demócratas, republicanos, homosexuales, lesbianas, gitanos/as, agnósticos, ateos, librepensadores, sindicalistas, feministas ... en definitiva, se pretendía abolir la diferencia mediante el asesinato, la tortura, las violaciones, las represalias, el descrédito y la censura, vulnerando así los más elementales principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Durante la denominada transición a la democracia, el pacto establecido entre todos los herederos del franquismo y los partidos del exilio democrático acordaron considerar las acciones represivas de la dictadura como un secreto de Estado y, por tanto, no difundirlas entre la ciudadanía, privando así a la sociedad de su legítimo derecho al conocimiento de su pasado, y a las víctimas y sus familias el poder para la defensa de sus legítimos derechos democráticos y la ayuda necesaria para la localización de los cadáveres de las personas que un día fueron amadas y respetadas y que perecieron ejecutadas por un régimen sanguinario amparado en la impunidad, alevosía y , en muchos casos, en la nocturnidad. Enrique Tébar

30 de diciembre de 2007
| Producción: La Luna Sale a Tiempo
| Duración: 00:17:44

En el audio que os presentamos, correspondiente al espacio de La Luna Sale a Tiempo, Al Margen, nuestra reportera Patricia Ochsenius, abogada chilena, ha entrevistado a la presidenta del Fórum per la Memòria de País Valencià, Amparo Salvador, la cuál nos comunica su testimonio sobre la negativa del Ayuntamiento de Valencia a la entrada en el archivo del cementerio de Valencia de los investigadores de fosas comunes de esta organización para continuar los trabajos de identificación de los cadáveres que hay en las fosas comunes, y que estaban desarrollando desde hace dos años.
Transcurridos más de tres décadas desde que se restauró la democracia en España, este tipo de decisiones políticas, procedentes del partido gobernante en el Ayuntamiento de Valencia, causa estupor, indignación y una vulneración del derecho y el deber de la ciudadanía a conocer su historia, así como una afrenta a las víctimas y sus descendientes en su lucha por la localización de los restos de sus familiares asesinados, recuperar el buen nombre de sus allegados e identificar a los culpables de la represión y las masacres.
No puede haber una verdadera reconciliación mientras existan víctimas inocentes desaparecidas, y no se anulen las sentencias de los procesos judiciales dictadas por los tribunales ilegítimos creados por la dictadura franquista.
De la frase "¡Por qué no te callas!", tenemos que pasar a esta otra más democrática: "la verdad histórica no admite dilación". E.T.

Al Margen, se emite con una frecuencia de mes y medio, de una duración es de unos 15 minutos. Los reporteros responsables de esta sección son el migralogo senegalés Papa Balla. En la sociedad (...)
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