
Se dice que las sorpresas son relativas, y que están en función de la capacidad de comprensión y de especulación de cada persona. Lo que para una gran mayoría puede haber sido una sorpresa, para (…)
No proponemos revancha ni pedimos compensación, pero sí algo que estamos esperando cada día, y es la responsabilidad de los asesinos; que tengan conciencia de lo que han hecho.
“La primera vez que llegué allí, en 1980, casi no me atreví a entrar, porque no podía olvidar las cosas que habían pasado recientemente. Había mucha gente, muchas personas que eran huesos cubiertos de piel; algunos eran recogidos en un camión para lanzarlos lejos, o trasladados para ser interrogados; algunos iban con la cara cubierta y las manos atadas a la espalda…otros iban con heridas en casi todo el cuerpo ensangrentado por los golpes que les asestaban…esas imágenes nos persiguen y están en nuestra mente siempre. Muchas veces esto hace que olvidemos si vivimos en el pasado o el presente. A veces cuando entramos al lugar parece que todavía somos prisioneros y permanecemos atados incapaces de movernos”...