
En una antigua ciudad amurallada del este de Etiopía, las hienas son alimentadas a cambio de limpiar las calles y mantener a raya a los espíritus.
La lucha ente los Dassanech y los Turkana es constante, antes con lanzas y arcos, pero hoy van armados de kalashnikov. Luchan por controlar los pocos recursos de la región, agua, yerba y alimentos. Con ocasión de la fiesta de la paz y de la fertilidad, se dan encuentros de reconciliación con las tribus vecinas, pero de duración bastante breve.