
Los cien años de don Manoel de Oliveira ponen de relieve otro aspecto todavía más importante, Oliveira como autor cinematográfico sigue fiel a sus principios, a su cine personal e intransferible, (…)

Tenían desde los tres a los dieciséis años y han desfilado en filas ordenadas a través de los mercados ambulantes, los pequeños y grandes templos hindúes y las callejuelas atestadas de motos y carros tirados por bicicletas...