
Un fuerte terremoto de magnitud 7,0 grados en la escala Richter y a 10 km de profundidad sacudió este martes a Haití causando gran devastación. Este terremoto se ha visto seguido por dos fuertes (…)

Ecologistas en Acción lanza de nuevo su campaña contra la desertificación. Aquí tienes dos nuevas cuñas de 30 segundos para su emisión en radios.
Erosión y desertificación son dos palabras mágicas porque conectan con sentimientos colectivos profundos, tales como abandono, desolación y muerte, y son un ejemplo de los problemas ambientales acerca de los cuales parece no haber grandes disidencias, ni entre los ciudadanos ni entre las diferentes instituciones públicas, los investigadores y las voces ambientalistas. Este aparente consenso está favorecido por una serie de tópicos, es decir, de ideas fácilmente aceptadas desde el principio por su poder explicativo, prácticamente no cuestionadas y con grandes dosis de inercia frente a su posible reemplazo.
La siguiente reflexión se enfoca a partir del análisis del discurso más generalizado en torno a la desertificación, cuyo planteamiento podría ser el siguiente: “La desertificación es un proceso de degradación del suelo, agua, vegetación y otros recursos que en España es debido, sobretodo, a la erosión hídrica, la cual a su vez se debe en buena parte a la secular destrucción de la vegetación. El único remedio definitivo es la reconstrucción de la cubierta vegetal protectora”. Esta conexión de ideas ofrece una vía a su discusión ordenada.
Dicho con rotundidad, para contener los procesos que contribuyen a la desertificación en el Estado español son necesarias nuevas políticas urbanísticas, de transporte y agrarias. En definitiva, se debe reconvertir el modelo económico español, actualmente basado en la destrucción ambiental, en la que el peso fundamental de la construcción y del turismo de masas –ambos muy relacionados con la desertificación– son claves en nuestro desarrollo.