El Reino de Suazilandia es un pequeño estado soberano sin salida al mar, situado en África del Sur, entre Sudáfrica y Mozambique, cuya forma de gobierno es la monarquía absolutista. En un principio el país estuvo bajo el protectorado de Transvaal y, tras la guerra de los bóers en 1906, estuvo bajo el protectorado de Gran Bretaña, bajo el Alto Comisariado de África del Sur, hasta 1968, cuando el rey Sobhuza II proclamó la independencia de Suazilandia. Y dentro de su cultura, mantienen ritos y creencias que aparecen incomprensibles a nuestros ojos.

21 de noviembre de 2013
| Duración: 58:18

Abrimos el programa con el sonido grabado en directo de una ceremonia anual llamada Umhlanga, una danza tradicional donde hasta sesenta mil solteras vírgenes suazis se congregan para bailar en frente del Rey de Suazilandia. Las jóvenes tienen edades entre cuatro y veinticinco años, llevan puestos collares, faldas cortas y largas borlas que denotan su disponibilidad para casarse, y la mayoría van desnudas de la cintura para arriba. El Rey puede elegir una doncella para ser su prometida. En la ceremonia celebrada en el 2004 eligió a una joven participante de dieciséis años y finalista en un concurso de Miss Suazilandia como prometida. Pero no todas las muchachas coinciden con esta ceremonia: según una nota de mayo de 2013 Tintswalo Ngobeni, de 22 años, emigró a Inglaterra cuando era una adolescente después de que el monarca mostrara su interés por ella. Ahora, teme que el polémico jefe de Estado haya enviado gente al Reino Unido para llevársela por su activismo político contra el régimen. ’Yo no tenía elección-dijo-. "Nadie jamás ha rechazado el rey o se atreve a desobedecer, así que simplemente desaparecí”. Desde su llegada a Inglaterra, Tintswalo Ngobeni se ha convertido en una opositora del opresivo régimen Swazi opresiva. Por ello, sus actividades de alto perfil, incluyendo protestas semanales frente a la embajada de Suazilandia en Londres con el grupo activista Swazi Vigil, han llamado la atención de las autoridades de su país de origen y ahora cree que está en más peligro que nunca. Ese mismo mes otro cable, en este caso de Antena 3, informaba que el rey de Suazilandia, Mswati III, se caracteriza por su ostentoso estilo de vida en contraste con la pobreza de su pueblo. Durante su mandato ha recibido presentes como un jet privado DC-9 valorado en 45 millones de euros, y en esta ocasión el monarca ha recibido 32 automóviles de la marca BMW, a estrenar, con motivo de su 45 cumpleaños. El valor de sus regalos supera el presupuesto que su país destina a Sanidad. Por su lado, la revista Forbes calcula que el último monarca absolutista de África tiene una fortuna personal de unos 80 millones de euros. Cifra que contrasta con la desesperada situación del país que es uno de los más pobres del mundo, en el que el 70% de sus súbditos vive con menos de un dólar al día, y sobreviven gracias a la ayuda internacional y a los préstamos de Sudáfrica. Las previsiones del FMI advierten de que su economía se hundirá aún más en el próximo año. En Suazilandia, un festival musical se ha convertido en campo de batalla entre el rey y la oposición. El festival internacional de música Bushfire de Suazilandia, país fronterizo con Sudáfrica y Mozambique, se ha convertido en el campo de batalla entre la oposición y el último rey absolutista de África. El Bushfire, celebrado en la localidad de Malkerns del 25 al 27 de mayo pasado, contó con la asistencia de unas 17.000 personas, pero, con el boicot, por segundo año consecutivo, de la oposición en el exilio, que considera el certamen mera propaganda del rey. Además, el festival, que lleva ya seis ediciones, se ha erigido en una fuente de ingresos de su "Majestad", como pueden comprobar los visitantes a sólo un kilómetro de la frontera de Suazilandia con Sudáfrica, donde los teléfonos móviles, de repente, dejan de funcionar. Los miles de sudafricanos que acuden al festival deben comprar una nueva tarjeta suazi de MTN, única operadora de móviles del país y cuyo 51 por ciento pertenece a Mswati III. Las señales amarillas de MTN, patrocinador principal del evento, guían a los festivaleros por la principal carretera del país, que une la frontera sudafricana con las dos principales ciudades: la capital administrativa, Mbabane, y la capital económica, Manzini. Mal que le pese al rey, no todo es cantar y bailar, porque al menos 20 grupos de Sudáfrica se han unido al boicot iniciado por la Red de Solidaridad con Suazilandia (SSN, por sus siglas en inglés), que agrupa a los opositores suazis en el exilio. Esos disidentes dejaron un país donde no existen partidos políticos y son perseguidos por el régimen de Mswati III, cuya elite concentra todo el poder político y económico. Los espectadores suazis del festival, un 70 por ciento según la organización, eluden las cuestiones políticas, y revelan la complejidad de una sociedad anclada en un régimen medieval. "Es nuestra cultura, no podemos cambiarla. Está aquí para quedarse y nadie nos la va a quitar. Crecimos con ello, y no es un problema para nosotros. Sé que hay gente que no está de acuerdo", asegura la espectadora suazi Mombuleto Zwane. Mientras, la música sigue sonando en el Bushfire, aunque la oposición espera que, como dijo el poeta español Gabriel Celaya, sea "un arma cargada de futuro".
Comentarios basados en notas del sitio Lainformación.com, de antena3.com, de La Opinión A Coruña, LaCuarta.com, de la Agencia EFE y de la BBC. En cuanto a la música que hoy hemos difundido se trata en su mayoría de grabaciones en vivo de música swazi, y de artistas de Sudáfrica que estuvieron presentes en el Festival Bushfire, y a pesar del deficiente sonido de muchas de ellas, me pareció interesante para compartir con ustedes. Es una realización de Jorge Laraia.

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