
Llevan funcionando desde 1991 y recogen los mejores discos publicados dentro de la World Music como género. Se trata de los World Music Charts Europe, una lista de recomendaciones realizada por (…)
Una invitación para asomarnos a la dimensión social de los cambios musicales, desde la comprensión del papel del lugar y de las migraciones humanas como referentes de la evolución musical, junto a la fuerza de las zonas periféricas suburbanas pluricomunitarias como sitios generadores de nuevos movimientos culturales y musicales. Y todo ello, dentro de los procesos globalizadores que acentúan la interculturalidad, con lo que los flujos e interacciones que ocurren en estos procesos han empequeñecido las fronteras y reubicado la autonomía de las tradiciones locales. Al mismo tiempo, han propiciado más que en otros tiempos, la gestación de formas mixtas de producción cultural, y obviamente, musical.
Para comenzar, pensemos cómo refleja la música las transformaciones sociales y culturales que impulsa la interculturalidad como resultado de la migración. Cuando un género musical es apropiado por otros grupos minoritarios y migrantes, quienes no han perdido aún cierto vínculo con su lugar de origen, y cualquiera que sea el grado y la duración de su desplazamiento, en un cierto plazo de tiempo la música es transformada de una variedad de formas (letras, instrumentos, ritmos, melodías, etc.) en algo completamente nuevo. Recordemos que las ciudades que son el destino de un alto grado de inmigración, son a la vez sedes de producción e intercambio para nuevos estilos subculturales desde su lugar de origen. Por ejemplo, la música reggae emergió desde Jamaica (con todas sus raíces africanas) y viajó hasta Londres donde fue circulando entre las comunidades de inmigrantes. Después llegó hasta Nueva York, donde el sonido desarrollado en Jamaica llegaría a ser la base de las ejecuciones hip hop en las esquinas de las calles, parques y canchas públicas de deportes. La música, como la migración misma, ha estado siempre en agitada evolución, a través de la absorción y la transformación, trastornando las supuestas "certezas" de las culturas nacionales y étnicas desde los márgenes de estas culturas. La música es un ejemplo audible, junto con el lenguaje, de solidaridad colectiva y de ascendencia común. Pase lo que pase con la música, los migrantes retienen a través de ella sus distintivas identidades étnicas. Las ciudades son principales lugares de migración, y pueden alojar un significativo rango de músicas que han viajado con los inmigrantes, quienes en parte diferencian y simultáneamente caracterizan particulares áreas y redes sociales al interior de las ciudades. Son profundas las transformaciones sociales y culturales que tienen lugar en las ciudades, ya sea a través de la migración, el crecimiento de jóvenes subculturas o los nuevos paisajes musicales abiertos por las corporaciones de entretenimiento.
Desde cierta perspectiva, la irrupción a principios de los años 90 del género musical conocido como World Music adquirió gran importancia en el mercado, ya que era portador de un sentido de la "diferencia" local. Su novedad consistía en grabaciones de sonidos que evocan lugares o comunidades del tercer mundo, pero la calidad de su sonido era proveniente de los estudios de grabación del primer mundo. Desde entonces resulta muy común que músicos latinoamericanos, africanos o asiáticos, viajen a Londres, Nueva York o Los Angeles para hacer grabaciones bajo el contrato de los grandes sellos discográficos. Por esta razón se afirma que el rock (al igual que la world music) más que un estilo musical describía un valor auditivo, primeramente constituido a través de tecnologías, de un sistema de producción y de la circulación global de bienes musicales particulares. En síntesis, hablamos de un modo industrial de explotación musical. Asi, cada día cobra mayor importancia la interacción intercultural en la evolución de la música, por lo que se menciona que la música cada vez tiene menos que ver con las fronteras nacionales, y se define más a través del intercambio de información entre comunidades culturales. En esto resulta muy ilustrativo la creciente presencia de la fusión en numerosos trabajos de la producción musical de varias partes del mundo. Y para terminar, podemos decir que en los días que corren se observa que la diferencia cultural está en el primer plano de la crisis social de occidente. El director del Centro de Humanidades de la Universidad de Harvard, Homi Bhabha, señala en su libro “El Lugar de la cultura” que el lenguaje metafórico del discurso occidental plantea la cuestión de la diferencia cultural y de sus límites en términos de “multiculturalismo”, noción etnocéntrica de la existencia de la diversidad cultural. Bhabha critica que el “multiculturalismo” representa la temporalidad del significado cultural "multi-acentuado" y "rearticulado discursivamente". En lugar de derribar prejuicios establece nuevas demarcaciones culturales. De forma creciente, el tema de la diferencia cultural emerge en los focos de la crisis social y las cuestiones de identidad son planteadas en formas extremas. La identidad es reclamada tanto desde una posición de marginalidad o en un intento de alcanzar el centro, o en ambos sentidos. Es un tiempo del signo cultural que desestabiliza la ética liberal de la tolerancia y el marco pluralista del contacto intercultural.
Los comentarios están extraidos de un excelente y extenso artículo del Dr. José Luis Campos García, un investigador mexicano en música y comunicación digital.
Durante el programa se escuchan interpretaciones de Ravi Shankar & Jehudi Menuhin, Ali Farka Toure & Ry Cooder, Martin Simpson & Wu Man, Rabih Abou-Khalil, J.Kühn y J.Cagwin, Trilok Gurtu & The Frikyiwa Family, Bisso Na Bisso, Idan Raichel’s Project, Baka Beyond, Wasis Diop & Lena Fiagbe, Gigi Shibabaw, Jerome Lamasset & Fadoua y Cheb Mami & Ziggi Marley. Varios de los temas pertenecen al disco "“Un mundo, muchas culturas” editado en el 2006 por el sello discográfico Putumayo.
Es una realización de Jorge Laraia.