La canción napolitana, una clase de composición vocal generalmente en idioma napolitano para voz masculina solista y acompañamiento instrumental, es característica de la ciudad de Nápoles y su región. Siendo la música de un pueblo, se convierte en un espejo de las costumbres más arraigadas, narrando una cotidianeidad que a veces, se escapa a los propios historiadores. Se canta al amor y a la belleza de su propia tierra, a través de símbolos sensoriales y elementos sugerentes como las estrellas, el sol, la luna, las flores, el mar y los perfumes del Mediterráneo.

15 de diciembre de 2011
| Duración: 58:24

Enrico Caruso, a quien vamos a disfrutar en viejas grabaciones durante esta primer parte del programa, nació en Nápoles en 1873, y fue el tenor más famoso del mundo en la historia de la ópera, y para muchos el mejor. Caruso fue también el cantante más popular en cualquier género durante los primeros veinte años del siglo XX y uno de los pioneros de la música grabada. Su gran éxito de ventas y una voz extraordinaria, aclamada por su potencia, belleza, riqueza de tono y técnica superlativa, lo han convertido en el más grande cantante masculino de ópera de la historia. Con su estilo de canto, Enrico Caruso fijó un estándar, influyendo en prácticamente todos los tenores en los repertorios italianos y franceses. Su carrera abarcó desde 1895 hasta 1920, incluyendo un récord de 863 apariciones en el Metropolitan Opera de Nueva York. Sin embargo su trayectoria fue interrumpida por una infección fulminante que lo mató a la edad de 48 años, en el pináculo de su carrera. Los orígenes remotos de la canción napolitana se pueden fechar hacia el siglo XIII, en los cantos populares. En ellos se alababa la belleza de la naturaleza, pero también se aludía a las dificultades de la vida cotidiana. Estos cantos se desarrollaron en el siglo XV, cuando el napolitano se convirtió en la lengua oficial del reino, y numerosos músicos, inspirándose en los coros populares, comenzaron a componer ballatas y otras obras de carácter festivo que popularizaron los aires napolitanos, especialmente a partir de finales del siglo XVI, cuando la villanella alla napoletana se extendió por toda Europa y se cantó hasta finales del siglo XVIII. Y en ese mismo siglo, el XVIII, nace la opera buffa napolitana, que influyó poderosamente no sólo en el canto, sino también en la teatralidad de las canciones, con lo que las arias operísticas se convirtieron en modelos para las canciones populares. En la década de 1830 se creó un concurso anual dedicado a la canción napolitana durante la Festa de Piedigrotta, fiesta dedicada a la Virgen de Piedigrotta, una imagen muy popular en el barrio napolitano de Mergellina. Este festival perduró hasta 1950, cuando se creó el Festival de Nápoles (también conocido como Festival de la Canción Napolitana), que tuvo gran éxito durante toda la década hasta que, finalmente, también desapareció en 1971. La popularidad internacional de las canciones napolitanas se debió, en parte, a la emigración italiana al resto de Europa y a América entre 1880 y 1920. También contribuyó el interés de intérpretes de ópera como Enrico Caruso, quien recurría a estas canciones de su ciudad natal, para interpretarlas como propina en sus actuaciones en el Metropolitan Opera House de Nueva York, y que grabó en disco. A ejemplo de Caruso, muchos otros tenores han cantado y han mantenido vivo este repertorio, como sucedió a finales del siglo XX con Luciano Pavarotti, y con el fenómeno de las presentaciones de Los Tres Tenores (Pavarotti, José Carreras y Placido Domingo) La época de posguerra tras la Segunda Guerra Mundial está considerada como el segundo momento de oro de la canción napolitana, pero la guerra y sus consecuencias dieron lugar a canciones amargas, desesperanzadas y de tono existencialista. Luego comienzan a aparecer experiencias de unirla con ritmos procedentes del jazz, y de otras culturas musicales, hasta llegar a un melodismo pop muy criticado por los puristas, por su alejamiento de las formas tradicionales. Finalmente, grupos de las últimas generaciones, acercan la nación napolitana a la música electrónica, el trip hop y el rap, con textos que se caracterizan por un alto contenido político de izquierdas. Luciano Pavarotti, fue un tenor italiano, uno de los cantantes contemporáneos más famosos, tanto en el mundo de la ópera como en otros múltiples géneros musicales, y muy conocido por sus conciertos televisados y como uno de Los Tres Tenores, junto con Plácido Domingo y José Carreras. Reconocido por su filantropía, reunió dinero para refugiados y para la Cruz Roja, y fue premiado en varias ocasiones por ello. Lamentablemente, falleció en septiembre del 2007. Pavarotti pertenecía a la categoría de los tenores líricos, como Alfredo Kraus, y llegaría a ser tan famoso y tan respetado como sus compatriotas Beniamino Gigli, Enrico Caruso o Mario del Mónaco. Hermosa voz de timbre sorprendente, vibrato emocionante y una sonoridad por encima de todas las expectativas, Pavarotti cantaba como respiraba, con esa facilidad que solo se consigue acompañando en su exhuberancia a la naturaleza, porque amaba la vida y era comunicativo, refrescante y luminoso. Su sonrisa amplia, se instilaba en cada fraseo, en cada compás, en esas canciones napolitanas tan nostálgicas, que él interpretaba como si fuera realmente un campesino del sur, siciliano o calabrés, recordando a su madre, a su pueblo, a su amada. Y para terminar, unas palabras de dos de los más grandes tenores de la historia como han sido Giuseppe Di Stefano y Mario del Mónaco en alusión a nuestro tema: Di Stefano dijo que “Para el arte del canto hacen falta dos instrumentos, la voz y la expresión: como dos grandes ríos que brotan de dos fuentes distintas, pero confluyen en uno solo en el mágico momento de la representación teatral o de la ejecución concertística, de una pieza clásica o de una canción napolitana, la que además, constituye el banco de prueba de todos los grandes cantantes. Mientras que Mario del Mónaco expresó “Las canciones napolitanas requieren un esfuerzo más grande que las arias de ópera, porque requieren cantar a corazón abierto, ya que la napolitana responde a un tipo de música con un potencial que te llega a poner la piel de gallina.
Comentarios basados en notas de Enrique Adrados Maestre y Fernando J. Cansado, mientras que la música pertenece a los discos Addio mia bella Napoli de Enrico Caruso en una regrabación del año 1991, y Canciones napolitanas de Luciano Pavarotti editado por Decca en 1983.
Es una realización de Jorge Laraia.

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