
En el Berimbau de hoy vamos a escuchar unas canciones bastante conocidas. Cosa rara en este programas de músicas del mundo. Hoy las vamos a entender todas y nos van a sonar casi todos los (…)

Hoy os vamos a presentar a Zuf de Zur, un grupo de siete músicos de Gorizia.
Gorizia es una ciudad muy especial situada en el corazón de Europa, a horcajadas entre Italia y Eslovenia, en la región de Friuli, al lado del Tirol, cerca de Austria.
La ciudad está dividida en dos por la frontera.
Durante siglos ha pertenecido a los Habsburgo, los venecianos, los napolitanos y los alemanes y fue devuelto a Italia en 1947. Esto ha dado lugar a una mezcla de pueblos. La ciudad parece germánica, pero a la vez es eslovena e italiana. Las influencias judía y romaní también aparecen tanto en su arquitectura como en su cultura. Es un pueblo políglota. El nombre del grupo que nos acompaña, Zuf de Zur, se compone de una palabra Frioul y una palabra eslovena que significa una mezcla de músicas. El ’zuf "es una especie de mezcla de ingredientes y de alimentos para los campesinos pobres.
Gorizia ha sido frontera de todas las guerras. Es un símbolo. Una de las canciones italianas más bellas que se llama "O’Gorizia" es una protesta contra la Primera Guerra Mundial. Y cómo no, la música de Zuf de Zur estar marcada por el recuerdo de su país y por la guerra. Sus dos CDs, uno de los cuales los cuales estamos oyendo - "Partigiani"-, y su espectáculo, dan testimonio. Cantan en italiano, en Frioulan, en alemán (con acento yiddish), e incluso en francés en una nueva versión de la "Canción de los partisanos".
El 9 de noviembre de 1989, cerca de la medianoche, las televisiones de todo el globo habían interrumpido su programación habitual para conectar en directo con Berlín. El muro estaba cayendo. Fue una noche de alegría desbordada en las dos Alemanias, en toda Alemania.
Pero el Muro de Berlín no fue el último en caer. Y tampoco fue el final de las ciudades divididas. El que quizá podía ser considerado el último muro de Europa fue derribado 15 años después que el de Berlín, cuando Eslovenia entró en la Unión Europea, y las ciudades de Nova Gorica y Gorizia (Eslovenia e Italia, respectivamente), dos pequeñas localidades al pie de los Alpes, dejaron de pertenecer a dos mundos distintos. Hasta hace pocos años ambas ciudades habían estado separadas por una cerca que hacía las veces, en la zona, de telón de acero un tanto sui generis. A diferencia de Berlín, Nova Gorica y Gorizia no son una sola ciudad partida en dos por la frontera sino que la parte eslovena fue construida junto a la raya fronteriza posteriormente al trazado de ésta. En la práctica, sin embargo, Nova Gorica y Gorizia son un continuo únicamente quebrado, y no demasiado, por la frontera.
Gorizia y Nova Gorica se convirtieron en ciudades complementarias. La localidad italiana ofrecía trabajo y la eslovena casinos, en Gorizia se encontraba la historia y los monumentos, y en Nova Gorica los precios bajos y los locales de alterne. En un caso clásico de economía de frontera, los coches italianos hacían cola los fines de semana para llenar sus depósitos en Yugoslavia, donde el combustible era más barato.
Durante décadas ambas ciudades vivieron oficialmente de espaldas la una a la otra, y sin embargo los lazos se fueron estrechando lenta pero inexorablemente. Cuando cayó el Muro, la colaboración entre las dos ciudades se tornó oficial. Las medidas de seguridad en la verja desaparecieron progresivamente, fueron retiradas las torres de vigilancia, y el Muretto, nombre jocoso dado por los goriziani a la verja, fue disolviéndose poco a poco.