
Desde “La Otra Cara de África” os contamos como en el suburbio de Korogocho, en Nairobi, Kenia, en medio de la violencia, la droga y la miseria, una mujer ha lanzado una escuela de música clásica (…)
Energía, sostenibilidad y desarrollo, están estrechamente conectados. A la puesta del sol en África, millones de estudiantes, aunque se quedan a oscuras, no renuncian a estudiar. En las regiones rurales del continente, la mayoría de las escuelas no tienen acceso a la electricidad y esto dificulta también la formación adecuada.
Cerca de 600 millones de africanos, el 60% de la población subsahariana, no tienen acceso a la corriente eléctrica. Entonces estudian a veces con velas, linternas o candiles de petróleo. Además de energía, necesitarían agua, servicios de salud... y libros.