
La realidad se ha impuesto y el dinero -ese objeto de deseo que en cantidades abundantes siempre circula por manos de unos pocos, como sucede con los billetes de 500 euros- ha estrechado sus lazos (…)
No proponemos revancha ni pedimos compensación, pero sí algo que estamos esperando cada día, y es la responsabilidad de los asesinos; que tengan conciencia de lo que han hecho.
“La primera vez que llegué allí, en 1980, casi no me atreví a entrar, porque no podía olvidar las cosas que habían pasado recientemente. Había mucha gente, muchas personas que eran huesos cubiertos de piel; algunos eran recogidos en un camión para lanzarlos lejos, o trasladados para ser interrogados; algunos iban con la cara cubierta y las manos atadas a la espalda…otros iban con heridas en casi todo el cuerpo ensangrentado por los golpes que les asestaban…esas imágenes nos persiguen y están en nuestra mente siempre. Muchas veces esto hace que olvidemos si vivimos en el pasado o el presente. A veces cuando entramos al lugar parece que todavía somos prisioneros y permanecemos atados incapaces de movernos”...