
Somos animales sociales, por más que se empeñen en anunciarnos que la sociedad ha muerto. El único objeto de estos anuncios es destruir la tribu, la única que tiene en sus manos el poder de (…)
Entre las mil divisiones que atascan los procesos sociales revolucionarios, la discriminación de la mujer y su maltrato por el sistema es la más cainita. El capitalismo condenó a las mujeres a ser reproductoras sin derechos de la fuerza de trabajo que el propio capital consume, y esta esclavitud fue aceptada por sus compañeros los hombres, los padres, los hermanos, los maridos, sin rechistar. La secular esclavitud de la mujer ha de terminar si queremos un mundo sin tantos disparates y sin capitalismo. De esto hemos hablado en el programa de hoy, y hemos recordado a mujeres libres, las beguinas, Harriet Tubman, etc, acompañados por la música de Alaska y los Pegamoides.