
Decir que no hay crisis es como decir que no hay vida. La crisis forma parte de la existencia misma de cualquier ser vivo, por lo menos en el planeta Tierra.
Vivamos la crisis con la clara idea (…)

La vida es cada vez más cara. Nada escapa al aumento de los precios: la cesta de la compra, la vivienda o los carburantes, protagonistas tradicionales de la alarma, son sólo la punta del iceberg...
Hasta los actos más cotidianos vacían el bolsillo de los españoles, que ya pagan un Big Mac más caro que sus vecinos alemanes y el alquiler de un piso a un precio superior al de la cosmopolita Bélgica. Las subidas abarcan desde tomarse un café -cuesta el doble que en 2002- hasta comprar el pan-un 60% más caro- o ir al cine-un 33%-...